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domingo, 19 de noviembre de 2017

IMPRESIONES SOBRE LA FERIA


Por Johnson Centeno.-

He ido tres o cuatro días seguidos a la denominada “Feria Internacional del Libro de Trujillo”, a sus exposiciones, conferencias y conversatorios. Estas son mis ligeras impresiones.

- Ni Feria ni Internacional, vamos. Estamos bien lejos de que esta feria sea un evento internacional al mismo estilo de Colombia, Buenos Aires o México. Lima nomás sigue siendo inalcanzable. Arequipa brilla solita, y se ha convertido en la segunda ciudad más importante en la organización de estas magnas celebraciones culturales. Luego siguen las modestas ferias de Piura, Chepén y Huamachuco. Luego, muy luego, Trujillo, me parece.

- La improvisación se paga caro. Una feria de esta magnitud se prepara con buen tiempo de anticipación y no se hace de un día para otro. Anunciarla desde los primeros meses del año me pareció una buena estrategia de intriga, pero luego devino en una irresponsable actitud de hacerla donde fuera y como salga: en la Plaza de Armas, en la periferia, centro peatonal, Mansiche, la casa de la abuelita, etc. Por descarte se hizo en la plazuela El Recreo, interviniendo su fealdad (por falta de conservación) con un par de auditorios más o menos puestos, y stands ubicados a la loca. Bienvenidos a la pichi.

- Paraguay fue el salvavidas de última hora. Sus funcionarios, académicos y músicos le dieron una alegría inicial que contrastaba con la descoordinación e informalidad de las ceremonias. El evento ha servido para presentar por estos pagos alguito de la cultura paraguaya, especialmente la memoria del célebre Roa Bastos, autor de Yo el Supremo, que literalmente voló de los escaparates, y fue necesario encargar nuevo lote de urgencia en el stand de la embajada. Muchos extranjeros preguntaban por la falta de limpieza de la ciudad, por el tránsito, por la vocación cultural de Trujillo, por su primera autoridad. Hermanos paraguayos, es una larga historia…. Saludos.

- Elidio corazón. Como primera autoridad no se le puede negar protagonismo en las principales actividades de la feria, especialmente a la hora de la foto, y apuesto que todos esos autores con los que se codeó le deben ser bien esquivos en su imaginario de policía. Nomás la próxima, señor alcalde, evite aparecerse el día después del triunfo peruano con una comparsa de músicos al mismo estilo de las fiestas patronales, interrumpiendo como el diablo la pequeña tranquilidad que se respiraba a esa hora en los auditorios y stands. “Pero qué se ha creído este inepto”, espetó a su paso, encendido, mi buen amigo y contertulio M.A. Ledezma.

- Vallejo no estuvo en la feria. ¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte! Si el Cholo Vallejo estuviera vivo hubiera preferido incarse en alguna fondita aledaña de mala muerte junto a lo que queda de Rasu Ñiti, y hubiera lanzado distribas a esta Feria por su poco amor propio, por sus minilibros, por la venta de polos y gorritas, por sus sillas sucias, por su pequeñez de alfeñique. Por pelearse públicamente por exhibir su tesis. Porque no pudo convocar más gente que Renato Cisneros, o que Hugo Coya hablando del Che. (¿)? Por ese horrible logo que hicieron con su rostro. Porque la decoración es una mierda. Porque los que se decían finos poetas ahora son cómodos burócratas o asesores en busca de currículum, superamigos de la organizadora. Porque ese que se alucina Mr. Hyde es solo un travesti cultural de gustos sospechosos. Porque no podemos clonar al buen Cailloma, necesitamos muchos Caillomas telúricos para las ferias de este corte, solteros o recién casaditos. Y porque no le dieron bola a mi pata Roberto Alvarado Rubiños, que acaba de pasear su obra por las europas, qué carajos, y aquí no la ve. Porque Trujillo finalmente le recuerda a los Santa María y huele a Acuñas. ¡Y si después de tantas palabras, no sobrevive la palabra!

- La palabra. Pues sí, la palabra y el mensaje deben tener un cuidado especial en eventos de esta naturaleza. Por eso no deja de sorprender que los maestros de ceremonia parezcan anunciantes del exmercado Mayorista, y no aparezcan ni siquiera vestidos para la ocasión. Muchas veces un buen presentador sabe disimular desde el escenario lo que luce flojo o improvisado. Hay gente de comunicaciones entrenada en esta forma simpática de ganarse la vida, así que la próxima denles una oportunidad.

Por último, algo que de pronto nos cuesta aceptarlo, y es la otra cara de esta situación: nuestra gente ya no lee y le interesa poco las novedades que podría encontrar en una feria de libros, por más fea que esta sea. Las ferias ya no convocan ni son puntos de reunión. Las familias no fomentan la lectura. Son mucho más importantes la fortuna de ir últimos a un mundial o la vida de los jugadores que de la noche a la mañana son alzados como ídolos por los medios de comunicación. Hay plata para el estadio, para las chelas, para la pantalla gigante, pero no hay plata para animar la cultura en un evento para cultivar ciudadanos.

Nos vemos en la feria.

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